Liszt se aventuró con mayor compromiso en la creación de obras importantes de controversia. Admitiendo la categoría de arte menor con que fue denominada en épocas anteriores las transcripciones, Liszt crea la antítesis estética de una sociedad artísticamente equivocada, al transformar este arte menor en una de las principales características e importantes expresiones, no solo de la época romántica, sino del desarrollo de su genio creador y estilo personal.
Auto aislado de las raíces académicas e intentando destacar no solo como pianista sino también como compositor, se adentró en las formas de transcripción y paráfrasis personalizándolas con su labor técnica y musical. De esta manera, el arte improvisatorio que vislumbraba tales composiciones, dejaron de manifiesto la grandeza e intimidación artística que ejerció sobre los intérpretes de su época. Minoritariamente, fueron muy pocos los pianistas que decidieron abordar un riesgo extremo al interpretarlas frente a un auditorio comprometido.
Todas las transcripciones ayudan a comprender gran parte de su técnica pianística y los recursos orquestales que utilizaba al piano. En palabras de Brahms esta afirmación es más patente: "Quien quiera conocer en profundidad el desarrollo musical y técnico tendrá que estudiar sus transcripciones para piano." Estas transcripciones fueron inimitables traducciones idiomáticas del lenguaje orquestal pianístico.
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